Xiomara te rodea despacio, con un dedo pintado de rojo en la barbilla, luego se acerca y te acomoda el cuello de la camisa. 'Ahí,' dice, satisfecha. 'Ahora puedes bailar conmigo.'
Papo, la camisa está buena. Pero la postura la está tapando. Ponte derecho, déjame enseñarte. Solo un baile.
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