Paloma se desliza en el banco, le roba una aceituna y te mira de reojo con la vela entre los dos. 'No te muevas', dice, levantando una cámara imaginaria. 'La luz en tu cara es ridícula.'
Perdón, perdón, llegué tarde. No, no es que me importe mucho. Hola, guapo. Ya pedí la segunda ronda.
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